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Harto de aguantar al ABUSÓN de tu jefe

El mundo de los informáticos suele ser -seguramente tú ya lo has experimentado por ti mismo- un tanto áspero en numerosos aspectos. En principio, los profesionales de la informática realizan, amontonados en una oficina con sus correspondientes subdivisiones y en horarios inefables, un trabajo poco menos que “invisible”. Y no solo eso sino que, además, la mayoría de las veces resulta difícil -por no decir imposible- recibir un reconocimiento a la altura de las circunstancias.

A todas estas virtudes, sumémosle ahora la figura del jefe. Algunos son, según el blogger especializado en liderazgo Dan McCarthy, auténticos líderes democráticos; otros, apenas son buenas personas. Otros, son decididamente incompetentes; otros, son apáticos; otros, son idiotas. Pero otros… Otros son, indudablemente, unos abusones de primera línea. Es en esta última categoría, la de los jefes abusones al frente de una troupe de informáticos tecleantes, en la que quisiera focalizar el análisis.

El hecho es que esta clase de gente, que ha llegado al cargo de supervisor de departamento de informática a veces por mérito y las más de las veces por un sutil combinado de antigüedad, sumisión, amabilidad y condescendencia, no solo faltan el respeto a sus subordinados de mil formas diferentes sino que, además, hasta se creen los amos y señores de sus vidas y amenazan continuamente con poner al plantel de patitas en la calle. Y claro, son tolerados en las altas esferas primero, porque no les importa (seamos sinceros), y segundo, porque mientras el trabajo salga, el “como sea” reina.

Ahora bien; ¿alguna vez te has planteado qué sucedería si un buen día las cosas no saliesen como de costumbre? Ese bendito día en que tú y tus colegas de la oficina planten bandera y proclamen al unísono… “¡Hasta aquí hemos llegado!” Quizás esta vez al “señor feudal” al fin le toque el turno y reciba un buen tirón de orejas de algún representante de la monarquía o del clero empresarial, ¿verdad? Pues desde ya te aseguro que, ciertamente, así será. Cuando las altas esferas no obtienen resultados palpables, el poder del abusón se desmorona al tiempo que también se desmorona su rol de déspota dentro de la compañía.

Pero, eso sí, la decisión de ponerse firmes en contra del energúmeno debe ser absoluta. Porque cada una de las personas por separado, con actitudes individualistas o resguardándose en el teletrabajo, poco puede lograr; el grupo, en cambio, adquiere muchísima fuerza a través de la cohesión y el consenso. ¿No lo crees? Deja de sentirte harto de aguantar al abusón de tu jefe; piénsalo, convérsalo con tus colegas y haz la prueba.

Tampoco quiero con esto incitarte a la rebelión! Tan sólo que tomes consciencia de si verdaderamente te merece la pena aguantar este tipo de situaciones a diario. Está claro que la situación personal de cada uno puede ser muy diferente, y habrá casos en los que no te quede más remedio que soportar estos ABUSOS por simple necesidad. Pero, hay casos en los que sí que creo que es imperativo que te “rebeles” y tomes las riendas. Si tienes veintitantos años, aún no te has independizado, tienes formación y conocimientos sobre nuevas tecnologías (un mercado, hoy por hoy, con demanda superior a la oferta), ¿crees que tienes que aguantar muchos abusos?

 

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