WhatsApp, un arriesgado modelo de negocio con final feliz

WhatsApp, un arriesgado modelo de negocio con final feliz

Hoy vamos a hablar de nuevo caso de éxito que resulta muy inspirador y sorprendente. En esta ocasión, el caso que nos ocupa llega desde las lejanas tierras de Ucrania, de la mano de un humilde ingeniero de Yahoo llamado Jan Koum; quien, finalmente, obtuvo un resonante triunfo informático a través de una de las aplicaciones más utilizadas de todos los tiempos: WhatsApp.

Y es que esta genial aplicación supone uno de los mayores casos de éxito de la historia reciente de la tecnología. Aunque no todo fue tan sencillo para sus creadores. Un arriesgado modelo de negocio, algunas alteraciones en sus estimaciones temporales… seguro que hicieron que más de uno estuviese al borde del infarto.

Pero vayamos por partes…

Los creadores de WhatsApp

Antes de continuar hablándote de WhatsApp y de su modelo de negocio, creo que es de justicia que te hable un poco primero de sus creadores:

Proveniente de Kiev, un sufrido Jan Koum de 16 años llega a los Estados Unidos a principios de los noventa escapando de la rigurosa Unión Soviética para establecerse allí junto a su madre. Sin demasiadas posibilidades económicas, Jan comienza su formación autodidacta en las ciencias de la computación, para luego perfeccionarse con estudios superiores de ingeniería en sistemas -aunque nunca llegó a obtener un título- en la Universidad del Estado de San José.

En el año 2000 ya se encontraba trabajando en Yahoo (te recuerdo que Yahoo en esos años era uno de los mayores gigantes de Internet) como ingeniero en seguridad junto a su gran amigo Brian Acton; empleo que ambos abandonarían en 2007 para dedicarse a recorrer Latinoamérica. ¡Eso sí que es tenerlo claro! OLÉ!!! : )

Jan Koum y Brian Acton, fundadores de WhatsApp

Jan Koum y Brian Acton, creadores de WhatsApp

La genial idea emprendedora

Después de esta aventura, los dos amigos se pusieron a trabajar en su nuevo proyecto, y decidieron solicitar un préstamo de 250.000 dólares con la intención de dedicarse al desarrollo de una aplicación que facilitase la comunicación fluida y no afectara la privacidad de los usuarios.

Dicha aplicación -a la que, muy acertadamente, decidieron ponerle el nombre de WhatsApp debido a la expresión inglesa What’s up?, que puede traducirse como “¿Qué hay de nuevo?“- se vale del soporte de los teléfonos inteligentes para el envío de mensajes instantáneos a través de Internet, prescindiendo de todo tipo de publicidad, juegos o demás estratagemas de comercialización.

Esta es la idea, explicada de una forma muy básica, pero ya sabes que también permite a sus usuarios la formación de grupos de conversación, el envío de fotografías y de archivos de audio o de vídeo y, más recientemente, la realización de vídeollamadas, y una nueva plataforma web a través del sitio web.WhatsApp.com.

El arriesgado modelo de negocio de WhatsApp

Los dos amigos creadores de esta genial aplicación tuvieron desde un principio muy pero que muy claro cuál será el modelo de negocio de WhatsApp:

  • Por un lado, habían construido una aplicación que resolvía de una manera estupenda y muy eficiente un problema concreto: mandar mensajes a través del móvil.
  • Lejos de centrarse en destacar las bondades de su tecnología subyacente, o de la complejidad de sus sistemas; estos chicos se centraron en dar solución a una necesidad muy concreta que tenían los usuarios de telefonía móvil: las abusivas tarifas soportadas por el envío de mensajes cortos de texto (los dolorosos SMS). ¡Dios mío, te acuerdas de cuando pagábamos por cada uno de estos mensajes que enviábamos!! Y realmente fue hasta hace bien poco…
  • Está claro que todo proyecto de emprendimiento debe tener muy bien definido cuál será el modelo de ingresos del proyecto. ¡Porque del agua no se vive! y hay toda una serie de gastos de infraestructura y servidores que hay que mantener… Ante esta situación, los dos amigo podrían haber optado por la solución más inmediata y “fácil”: monetizar a los usuarios. Es decir, que fuesen los usuarios los que, de un modo u otro, les generasen esa fuente de ingresos (pagando alguna suscripción, o por cada descarga de la aplicación, etc.).
  • Sin embargo, los creadores tuvieron muy claro que el potencial de esta aplicación iba más allá, que podía revolucionar el panorama de la comunicación, convertirse en un estándar, y que para ello WhatsApp tenía que ser totalmente accesible a todo el que tuviese un teléfono movil; es decir, totalmente gratis, para que no hubiera barreras, que no hubieran excusas… y todo el mundo pudiera utilizarla. De este modo era muy probable que un usuario de la aplicación pudiese comunicarse con cualquier otro (cualquier amigo o familiar), ya que si alguno de los dos aún no tenía la aplicación, no tendría más que descargarla de manera gratuita y comenzar a utilizarla inmediatamente.

Y te estarás preguntando: ¿para qué querían tener tantos usuarios si no veían ni un dolar? ¿Menudos emprendedores, verdad? Pues sí, menudos visionarios! Tenían clarísimo dos cosas:

  • Que todo “lo móvil” había venido para quedarse. Todo esto de los smartphones, las redes de datos… El número de usuarios potenciales no iba a hacer más que crecer en los siguientes años.
  • Que aunque su compañía no dispusiera, de momento, de una fuente real de ingresos, su valor potencial sí que se vería muy incrementado en función de su base de usuarios.

Y sí amigo mío, este fue el verdadero modelo de negocio de WhatsApp:

Un gran producto que aprovecha la tecnología del momento y resuelve un problema concreto a los usuarios, con un claro beneficio (mensajes gratis), todo de forma gratuita para el usuario (no pagan nada), todo muy limpio (sin publicidad, sin distracciones), centrados únicamente en crecer y crecer esa base de usuarios (llegar a todo el mundo), y luego… venderle la empresa a una gran compañía tecnológica!!!

La apuesta fue muy arriesgada, porque con tantos usuarios los gastos eran bestiales y no hacían más que aumentar (incluso llegaron a sufrir más de lo esperado porque la gran oferta se resistía)… pero supieron aguantar el tiempo suficiente! (menudo músculo financiero, eh??)

El final feliz de WhatsApp

En 2011, WhatsApp ya se había convertido en una de las aplicaciones más populares del App Store, con una creciente base de usuarios que día a día se incrementa en alrededor de un millón de personas (sí, has leído bien…!!).

Así que, por fin, el 19 de febrero de 2014, WhatsApp fue adquirida por Facebook (por qué será que a ninguno nos sorprende?…) por la increíble suma de 19.000 millones de dólares.

Icono de la app de WhatsApp

Más de 600 millones de usuarios en la actualidad confirman el agrado con que las personas han recibido a este singular servicio de mensajería, cuya filosofía es la no intromisión en la privacidad y la no mercantilización de la aplicación; filosofía que, por el momento, Mark Zuckerberg se ha comprometido a mantener.

Jan Koum es, según ha determinado la prestigiosa revista Forbes, poseedor de una fortuna valuada en unos 7.000 millones de dólares. Sin embargo, y más allá de ser el fundador de una verdadero caso de éxito de la informática, Koum mantiene un bajísimo perfil y es reticente a conceder entrevistas o a aparecer en público. Sus perfiles de Twitter o de LinkedIn no dicen sobre su persona más que “QA Tester” de WhatsApp o “Gerente de Tweets senior“, lo cual no hace más que dar cuenta de su humildad.

De modo que, si estás seguro que lo tuyo es la programación y tal vez no cuentas con los medios para iniciar una carrera universitaria, ya puedes comenzar a prepararte por tu cuenta y darle forma a esa idea innovadora que hace tiempo está dando vueltas por tu mente. Porque, claro… ¡Te aseguro que nada nos gustaría más que nuestro próximo caso de éxito fuese el tuyo!

 

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